lunes, 20 de febrero de 2012

Un mar en el desierto



¿Cómo poner en palabras lo vivido allá en el Cerro Quemado cuando más de 700 wixaritari (huicholes) de más 15 centros ceremoniales se reunieron para dialogar con sus ancestros y ponerse de acuerdo para continuar su trabajo para la defensa de uno de sus territorios sagrados amenazados: Wirikuta? 
Hay tantos planos, que me pierdo en ellos y en mis pantallas pixeleadas no encuentro equilibrio. No puedo olvidar la imagen de mar abismal sobre el Bajío, allá en el corazón de Wirikuta. Quería bucear en lo profundo.

Formé parte y fui testigo. Es una difícil situación para narrar lo que viví. Sin embargo si puedo decir que recibí una lección de vida, una palabra amorosa asomó allá en el lugar donde nació el Sol. Los peregrinos wixaritari compartieron con nosotros, los otros,  su ceremonia, su canto, su música y su palabra. Fueron generosos y más aun, mostraron la integridad de un pueblo, con todas sus diferencias, todos juntos se pusieron de acuerdo para pronunciar su palabra en la Declaración de Wirikuta. Sellaron su compromiso. Hay muchas cosas que no entendí y no entenderé desde mi razón, y así quiero seguir. Mi corazón si resonó con un pueblo que sostiene su palabra, sus creencias y su convicción por renovar las velas de la vida para su pueblo y para todos los que habitamos esta Tierra. Tanta generosidad  y sentido común hay en su lucha que me conmueve. Eso sentí en la cima del Cerro Quemado. Atesoro en mi corazón la experiencia y no quiero enredarme con interpretaciones. Eso se lo dejo a los cronistas, a los antropólogos, a los periodistas. La imagen se la regalo a los poetas.

El canto amoroso convocó en el desierto seco a la lluvia, el granizo, el aguanieve, la nieve y el arcoiris. Con eso me quedo.

1 comentarios:

Mariana Gallegos dijo...

Hermoso, lleno de luz :)