Hay
tantos planos, que me pierdo en ellos y en mis pantallas pixeleadas no
encuentro equilibrio. No puedo olvidar la imagen de mar abismal sobre el Bajío,
allá en el corazón de Wirikuta. Quería bucear en lo profundo.
Formé parte y fui testigo. Es una difícil situación para narrar lo que viví.
Sin embargo si puedo decir que recibí una lección de vida, una palabra amorosa
asomó allá en el lugar donde nació el Sol. Los peregrinos wixaritari
compartieron con nosotros, los otros, su ceremonia, su canto, su música y
su palabra. Fueron generosos y más aun, mostraron la integridad de un
pueblo, con todas sus diferencias, todos juntos se pusieron de acuerdo para
pronunciar su palabra en la Declaración
de Wirikuta. Sellaron su compromiso. Hay muchas cosas que no entendí y no entenderé desde mi razón, y así quiero
seguir. Mi corazón si resonó con un pueblo que sostiene su palabra, sus
creencias y su convicción por renovar las velas de la vida para su pueblo y
para todos los que habitamos esta Tierra. Tanta generosidad y
sentido común hay en su lucha que me conmueve. Eso sentí en la cima del Cerro
Quemado. Atesoro en mi corazón la experiencia y no quiero enredarme con
interpretaciones. Eso se lo dejo a los cronistas, a los antropólogos, a los
periodistas. La imagen se la regalo a los
poetas.
El
canto amoroso convocó en el desierto seco a la lluvia, el granizo, el aguanieve, la nieve y el arcoiris. Con eso me quedo.
1 comentarios:
Hermoso, lleno de luz :)
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