
Los rarámuri dicen que los hombres tienen tres almas, las mujeres cuatro y los animales y los chabochis (mestizos) dos.
Las tres almas de Augusto Urteaga están emprendiendo el viaje como una mariposa que va dejando el capullo en la tierra. Los rarámuri dicen que la muerte es un cambio, no un final y que el cambio de morada es un viaje largo por más que el difunto viaje con velocidad. Así, los rarámuri dicen que debemos ayudar a nuestros muertos a que viajen a su nuevo destino, es así como soplar acompañando al humo del fuego ayuda al viaje del difunto.
Parte de esto y muchas otras cosas lo aprendimos juntos, con Augusto, el tiempo que vivimos en la sierra y en Chihuahua, el tiempo que nos amamos y recorrimos montón de parajes, rancherías y rincones de la Sierra Tarahumara y así hicimos amigos que fueron y siguen siendo entrañabales.
Tres fiestas deben ocurrir para que el difunto deje la Tierra y se acomode en su nueva morada, donde todo es opuesto a nuestros tiempos, allá, a donde Augusto está viajando, la luna es el sol, nuestro día es su noche, se siembra en invierno y se cosecha en primavera.
Augusto conoció la Sierra Tarahumara en 1989, hicimos un viaje juntos a la comunidad de Inápuchi en 1990. Ahí me enamoré de él. Meses después nos mudamos a la ciudad de Chihuahua a fundar la Escuela de Antropología del Norte, entre otros proyectos.
Vivíamos nuestro amor (entre nosotros y a nuestra labor) más en la sierra que en la ciudad de Chihuahua, recorrimos sus municipios y siempre volvíamos a Aboreachi, siempre... Augusto se quedó en Chihuahua, yo no. El compromiso de él y su pasión se mantuvo hasta el día que decidió cambiar de morada el pasado 29 de diciembre del 2008. Su trabajo en torno a la defensa de los derechos de los pueblos indígenas del norte, a la defensa de sus territorios y más, deja huella y precedentes fundamentales para el ejercicio de la justicia y la práctica de la tolerancia en la región, así como para los profesionales y apasionados de la antropología.
Lo recuerdo estos dias con gran admiración y respeto y con dolor ofrendo estas palabras y soplo el humo del incienso para que sus tres almas viajen a su nuevo destino. La sierra debe estar triste, en Aboreachi deben estar muy tristes sus amigos Cesareo, Eduviges, Agustín y Lola.
Al lado de Augusto crecí y amé en y a la la sierra a plenitud. Hoy extraño a Augusto y sus correos en que me contaba alguna historia serrana de Aboreachi, ese pueblo y su gente que tan amorosamente nos recibía semana a semana y lo siguió recibiendo a Augusto que lo hizo tan suyo que se hizo hombre de pocas palabras y de un corazón inmenso como los mismos rarámuris.
Y me transporto en las imágenes de mi corazón a la sierra, a los brazos de Augusto en una noche alunada, a las guejas de tesguino que tanto disfrutamos, caminatas envueltos por los sonidos del bosque, y escuchando las historias de los ancestros que murmullaban con el viento, y así, estas humildes palabras hacen eco a la ceremonia y ofrenda para que Augusto en su nueva morada tome con la mano izquierda la güeja de tesqüino y dance en el círculo hacia la izquierda y así tome sentido para él que ya no es el mismo sentido nuestro.
Las tres almas de Augusto Urteaga están emprendiendo el viaje como una mariposa que va dejando el capullo en la tierra. Los rarámuri dicen que la muerte es un cambio, no un final y que el cambio de morada es un viaje largo por más que el difunto viaje con velocidad. Así, los rarámuri dicen que debemos ayudar a nuestros muertos a que viajen a su nuevo destino, es así como soplar acompañando al humo del fuego ayuda al viaje del difunto.
Parte de esto y muchas otras cosas lo aprendimos juntos, con Augusto, el tiempo que vivimos en la sierra y en Chihuahua, el tiempo que nos amamos y recorrimos montón de parajes, rancherías y rincones de la Sierra Tarahumara y así hicimos amigos que fueron y siguen siendo entrañabales.
Tres fiestas deben ocurrir para que el difunto deje la Tierra y se acomode en su nueva morada, donde todo es opuesto a nuestros tiempos, allá, a donde Augusto está viajando, la luna es el sol, nuestro día es su noche, se siembra en invierno y se cosecha en primavera.
Augusto conoció la Sierra Tarahumara en 1989, hicimos un viaje juntos a la comunidad de Inápuchi en 1990. Ahí me enamoré de él. Meses después nos mudamos a la ciudad de Chihuahua a fundar la Escuela de Antropología del Norte, entre otros proyectos.
Vivíamos nuestro amor (entre nosotros y a nuestra labor) más en la sierra que en la ciudad de Chihuahua, recorrimos sus municipios y siempre volvíamos a Aboreachi, siempre... Augusto se quedó en Chihuahua, yo no. El compromiso de él y su pasión se mantuvo hasta el día que decidió cambiar de morada el pasado 29 de diciembre del 2008. Su trabajo en torno a la defensa de los derechos de los pueblos indígenas del norte, a la defensa de sus territorios y más, deja huella y precedentes fundamentales para el ejercicio de la justicia y la práctica de la tolerancia en la región, así como para los profesionales y apasionados de la antropología.
Lo recuerdo estos dias con gran admiración y respeto y con dolor ofrendo estas palabras y soplo el humo del incienso para que sus tres almas viajen a su nuevo destino. La sierra debe estar triste, en Aboreachi deben estar muy tristes sus amigos Cesareo, Eduviges, Agustín y Lola.
Al lado de Augusto crecí y amé en y a la la sierra a plenitud. Hoy extraño a Augusto y sus correos en que me contaba alguna historia serrana de Aboreachi, ese pueblo y su gente que tan amorosamente nos recibía semana a semana y lo siguió recibiendo a Augusto que lo hizo tan suyo que se hizo hombre de pocas palabras y de un corazón inmenso como los mismos rarámuris.
Y me transporto en las imágenes de mi corazón a la sierra, a los brazos de Augusto en una noche alunada, a las guejas de tesguino que tanto disfrutamos, caminatas envueltos por los sonidos del bosque, y escuchando las historias de los ancestros que murmullaban con el viento, y así, estas humildes palabras hacen eco a la ceremonia y ofrenda para que Augusto en su nueva morada tome con la mano izquierda la güeja de tesqüino y dance en el círculo hacia la izquierda y así tome sentido para él que ya no es el mismo sentido nuestro.
Soplo palabras para acompañar en el viaje a Augusto:
Nejé arewá muki siyoname o'mónami
Nejé arewá muki siyoname o'mónami
mujé nakarópari i'ní rayénari
muje bínoi arewá ga'rabé inisá Onorúame
nejé rewárakochinare siyoname
muje bínoi arewá ga'rabé inisá Onorúame
nejé rewárakochinare siyoname
Mi alma de mujer azul está triste
Buen viaje Augusto!
2 comentarios:
Hermana soplo contigo para que el alma de Augusto alma llegue a su destino y prendo una vela para que el siempre viva en tus recuerdos.
La jarocha perceptiva..ja.
Que todas tus almas se acomoden lo antes posible (pero no demasiado pronto, porque la memoria de los otros es parte de la persona, parte física, a mi modo de ver)a esta extraña distancia del "para siempre"/"nunca más" (... quién sabe...)
Besozen
G.
Publicar un comentario en la entrada